Archivado en: Vivencias | Etiquetas: decision, mutilar, pensar, planear, rechazar, tolerancia
Hace unos cuantos meses, probablemente no hubiera siquiera pensado en alguna posibilidad remota de entregarme por completo al destino, pero es curioso como tus pensamientos van más allá de lo que puedas llegar a pensar, planear, tolerar.
He vivido situaciones muy intensas en el ámbito personal, las cuales me han llevado a definir de alguna manera mi existencia descomunal. Siempre he creído en el amor, en cualquiera de sus expresiones vívidas, en cualquier punto de nostalgia entre lo común y lo soportable, he entendido que las cosas no son para siempre, no porque quiera negarlas, sino porque existen dentro de un abismo impresionante que raya en lo vulgar.
Cuando planeo las cosas, suelo ser demasiado detallista, los lugares, los horarios, la coordinación entre lo estático y lo cotidiano, pero también he aprendido a equivocarme a propósito, a dejar que las cosas se salgan de control para averiguar que hay más allá de lo perfectamente metódico.
Tolerar es mi palabra preferida, es perfecta, única, es la combinación entre lo que puedo hacer y lo que tengo, es una bocanada de aire fresco entre la sofocante intensidad del hoy.
Pensar, planear y tolerar son fuertes palabras, sin un sentido de combinación espectral, es el resultado de las atrocidades a las que he expuesto mi vida, en la que me siento más que nunca vacío y sin sentido.
Represalias experimentales en las que pierdo el color, en las que mi Yo reclama a gritos desesperados salir de un agujero en el que me he ido hundiendo lentamente y con toda la conciencia del mundo, he estado ahí, he salido de ahí, pero continúo ahí, tratando de encontrar el equilibrio perdido entre lo que fui, lo que soy y lo que pude llegar a ser.
He pensado en la muerte como una alternativa yugular, he planeado lo absurdo en un lugar absurdo, y he tolerado todo tipo de conformidades y todo tipo de reclamos.
Me odio a mi mismo por pensar en mi, por pensar en los demás, por simplemente pensar.
Quisiera despedirme lentamente con un aire de grandeza en el cual mi dignidad acaba redistribuida en lo que piensan de mi y los que piensan en mi, pero es simplemente el no deseo de planear, incluso, esta estúpida e hiriente agonía, por la cual tolero mi ser con un poco de nostalgia.
Yo decido ser yo, y continuar siendo ya no el idiota de antes, si no el idiota de ahora.
Fin de lo casual.
1 comentario hasta ahora
Deja un comentario

Bueno yo soy de las que prefiere lo inesperado, no me gusta mucho planificar las cosas y prefiero que el destino me sorprenda, para bien o para mal pero que lo haga. Esa actitud muchas veces me hace esperar cosas o esperar actitudes de la gente que nunca son como pienso y me decepciono un poco, pero aún así lo disfruto.
Comentario por Magaly diciembre 5, 2011 @ 5:53 PMCon respecto a las decisiones, hay veces que es mejor dar un corte definitivo a una situación antes de que sea tarde y luego lamentar los errores. Reconozco que muchas veces suela ser muy doloroso hacerlo pero más dolor causa llevar la cruz de por vida.
Por eso mi conclusión final, quitar lo que hace mal desde la raíz porque si no se quita completamente, siempre saldrá desviado.